Cualquier dificultad para comunicarse con los demás genera no solo problemas al mismo niño, sino también dentro del grupo familiar, el colegio y los distintos entornos de la vida social. En general la familia suele sobreproteger al niño, o bien, son indiferentes o existe un rechazo.
Los trastornos del desarrollo del lenguaje y la comunicación tienen un origen diverso y de características diversas, pero la mayoría de los niños presenta secuelas en su desarrollo social y afectivo.
Las dificultades del desarrollo pueden manifestarse desde grado leves a severos con síntomas como:
Cualquier dificultad para comunicarse con los demás genera no solo problemas al mismo niño, sino también dentro del grupo familiar, el colegio y los distintos entornos de la vida social. En general la familia suele sobreproteger al niño, o bien, son indiferentes o existe un rechazo.
Conductas como el mutismo selectivo, la timidez excesiva o la intolerancia a la frustración son vistas como estrategias que utilizan los niños para manejar la tensión, angustia o aburrimiento que les provoca el desarrollar interacciones con los demás.
El desarrollo del habla y la comunicación es una parte fundamental del crecimiento infantil, pues es la manera en la que podemos expresar pensamientos y emociones, así como construir relaciones e interactuar con los demás; sin embargo, cuando se presentan dificultades en el ámbito de la comunicación, el impacto en el estado emocional y bienestar general va más allá.
Los trastornos del lenguaje se asocian con problemas del aprendizaje, pues a los niños se les dificulta relacionar la pronunciación y la forma de escribir una palabra, lo que afecta el proceso de lectoescritura.
Los niños con trastornos del habla y el lenguaje tienen un riesgo mayor de experimentar problemas emocionales y conductuales (McLeod y Harrison, 2011).
Es común que al no ser comprendidos cuando intentan expresarse, los niños se sientan frustrados y manifiesten dicha frustración con conductas desafiantes o aislándose de los demás (aislamiento social) y comience a evitar situaciones en las que se espera que hable o se comunique, derivando, en muchas ocasiones, en ansiedad social y/o depresión.
Las dificultades en el habla y la comunicación también tienen un fuerte impacto en la autoestima, pues, al sentir que no puede comunicarse tan eficazmente como sus compañeros, hace que el niño se sienta menos capaz o inferior y también puede aumentar la probabilidad de que sus compañeros lo rechacen, ocasionándole sentimientos de soledad y exclusión social.
Sin duda alguna, la atención del logopeda es fundamental en estos casos, pero no es menos importante el apoyo emocional para el niño, pues no se pueden separar los problemas psicosociales y emocionales de las dificultades con el lenguaje y la comunicación. Es de suma importancia que los adultos que rodean al niño (padres, maestros y especialistas) creen un ambiente donde el niño se sienta aceptado y comprendido. Pero no solo eso, también hay que trabajar para mejorar las habilidades sociales, mejorar las relaciones con los demás y ayudarle a manejar sus emociones.